Terraplanismo económico: cinco factores que lo sustentan

Por Marcelo Ibarra*

El análisis postula que el programa económico implementado por el actual Gobierno consiste en un negacionismo de la evidencia empírica. Cuáles son los pilares que lo sostienen.

   El 10 de diciembre de 2025 se cumplieron dos años de la gestión presidencial que revivió al liberalismo como doctrina filosófica. Aunque, en rigor, postular que “revivió” es una exageración, siempre estuvo presente, con la propuesta fallida de Mauricio Macri en 2015 y, si nos ponemos exigentes, hasta la Década Ganada tuvo sus ribetes liberales.

   Un interrogante medular: ¿a qué se debe el apoyo popular al gobierno de los Hermanos Milei? El tema se banca una vuelta de tuerca más: ¿por qué, si las medidas económicas del actual gobierno nacional perjudican a las grandes mayorías, cuenta con el respaldo de amplias porciones de la población que son, a todas luces, perjudicados?

   Alejémonos lo más posible del objeto de estudio: el 2 de marzo de 2019, se congregó en la ciudad de Colón, Buenos Aires, (como oriundo de dicha localidad, deduzco que los sedujo el nombre “Colón”, por ser el de alguien que estaba convencido de la redondez de la Tierra), el Movimiento Terraplanista para celebrar el “Primer Encuentro Nacional e Internacional de Terraplanistas”. Contra toda evidencia empírica, esta corriente de pensamiento insiste en que no hay una curvatura visible en el horizonte; que la teoría de la gravedad de Isaac Newton es falsa, ya que si la Tierra fuera un globo, la nivelación de las superficies de agua de los mares sería imposible; que los ciclos terrestres como el día y la noche, las estaciones, se deben a que el radio de la órbita del sol respecto del eje de la Tierra varía a lo largo del año: es más chico cuando es verano en el anillo norte y más grande cuando es verano en el anillo sur. Además, el sol sube y baja, es decir, se mueve dibujando un “ocho” a lo largo del año. En cuanto a los ciclos diarios, simplifican el asunto diciendo que el sol ilumina una porción de la tierra por vez.

   Al momento del cónclave terraplanista (marzo de 2019), Mauricio Macri aún era Presidente, Javier Milei aún no había incursionado en la política y el peronismo azuzaba el slogan de “volver mejores” como una posibilidad inminente. Nadie hablaba de liberalismo, era poco menos que una mala palabra. ¿Cómo fue que en tan poco tiempo se moldearon subjetividades a lo largo y ancho del país para sostener una nueva aventura de una ideología que arribó al siglo XXI jadeante y con claras señales de debilitamiento? ¿Todo debe ser explicado a partir de los nombres propios, por el desencanto o la seducción que produce cada candidato?

   Planteamos que la propuesta de Milei es terraplanismo económico, ya que sus ideas contradicen lo que resulta fácilmente comprobable empíricamente: que la inflación es sólo un fenómeno monetario, que la dolarización puede llevarse a cabo mediante un simple crédito con algún organismo internacional, que pese al aumento de la desocupación y cierre de más de 20.000 empresas, “sacó a 12 millones de la pobreza”. Es como si viéramos caer un piano sobre nuestra cabeza y aun así Milei nos intentara convencer de que ese piano queda flotando en el aire, dado que la ley de la gravedad es un “complot populista”. Pero, ¿por qué decimos Milei solamente? ¿No hay otros actores que sustentan el terraplanismo económico? En el espaldarazo popular a Milei en las elecciones legislativas de medio término de 2025 confluyen, al menos, cinco factores: los mass-media (medios de comunicación hegemónicos), los sindicatos, los analistas políticos y las encuestadoras, las granjas de bots en redes sociales y el poder disciplinador de la SIDE.

I. Si la TV no lo muestra, no es un problema

   El primer gran responsable del ascenso de Javier Milei ha sido el periodismo hegemónico: los canales de televisión de aire y de cable que día a día colocaron al actual presidente como asiduo panelista desde 2019 a 2023. Sobre este aspecto, hay varios trabajos de investigación que elaboraron rankings con los economistas más convocados a la TV. Un lector atento podría refutarme con el comentario “la invitación a un show televisivo no constituye una entronización ni una candidatura en sí misma”. Cierto. Lo que sí fue una ayuda de los mass-media al lanzamiento de Milei fue el formato condescendiente con el que se le brindó la palabra: sin repreguntas, sin debate, sin contraposición ni refutación a cada falacia que el actual mandatario profería, permitiéndole que insultara o agrediera verbalmente a mujeres. ¿No fue acaso el primer gran favor que se le hizo a Milei el hecho de permitirle insultar a una periodista en una conferencia de prensa, con la connivencia de todos los demás reporteros? ¿Cómo es que ningún colega de la periodista agredida reaccionó o decidió abandonar la sala y dejarlo a Milei hablando solo en señal de solidaridad con la trabajadora de prensa insultada?

   A partir de allí, todo fue en decadencia. Se le permitió a su compañera de fórmula, la actual vicepresidenta Victoria Villarruel reivindicar el Terrorismo de Estado y a Milei declarar muy suelto de cuerpo que tenía asegurado un crédito de un importante organismo internacional para implementar desde el día uno de su gestión la auspiciada dolarización. Cuando Milei repetía hasta el cansancio cual mantra aprendido en clases de coaching que “la inflación es en todo tiempo y lugar un fenómeno monetario”, ¿a ningún periodista se le cruzó por la cabeza preguntarle por qué, en un país como Argentina, donde las negociaciones paritarias, pasando por la concentración monopólica de alimentos, hasta el alto desequilibrio de bienes que circulan a través de rutas en camiones por sobre los poquísimos que lo hacen en trenes, todo interviene como un complejo entramado multicausal de la inflación? ¿Cientos de minutos de televisión le dieron a Milei y a ningún periodista le hacía ruido una aseveración tan endeble de un problema tan complejo como la inflación?

   Dicho sea de paso, ¿cómo es que ahora nadie se escandaliza con una inflación del 3% mensual, pese al contexto recesivo, a las paritarias planchadas, a la falta de crédito y por ende a la caída de la tasa de interés, al récord del desplome de la inversión extranjera directa, a la pérdida de empleo? En consecuencia, el programa económico liberal iniciado en 2023 no solucionó el problema de la inflación, simplemente logró, mediante un manejo espurio de la pauta oficial, que los mass-media retiraran de su agenda la palabra “inflación”.

II. Golpear, negociar, sobrevivir

   El segundo factor es el sindicalismo, que desde hace un par de décadas tiene mala prensa por sus nombramientos vitalicios y cargos hereditarios por vínculos de sangre. Curiosamente, nadie del gobierno nacional ve en la aristocracia sindical un comportamiento de “casta”. Desde diciembre de 2023 a la fecha, la CGT realizó tres paros generales (24 de enero de 2024, 9 de mayo de 2024 y 9 de abril de 2025), solo el primero de ellos contó con movilización. Por estas horas, la conducción de la CGT parece haberse despertado, ya que se encuentra peregrinando en el Senado nacional para frenar la reforma laboral propuesta por el Gobierno.

   Entonces, ¿estamos ante un sindicalismo cómplice, dócil o hábilmente negociador? En principio, lo que se observa es que el clásico y efectivo método de “golpear y negociar”, que el sindicalismo utilizó durante tantos años y aún en contextos más adversos, como en dictaduras militares, ha quedado fuera de juego, descontextualizado. Como siempre conviene ante estas situaciones, hay que echar mano a la historia para extraer lecciones útiles, aunque “bufen los eunucos”, como diría Roberto Arlt.

   Nos interesa traer a colación el rol del sindicalismo tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955. No está de más recordar que Arturo Frondizi llega a la presidencia con el peronismo proscrito y, una vez ungido presidente, no dudó en quitar la personería a los sindicatos demasiado combativos. Además, el derecho de huelga fue cercenado, ya que los reclamos se suprimieron por la fuerza militar. La estrategia de Frondizi fue ganarse el beneplácito de la dirigencia sindical, para evitar que ésta fogoneara el activismo que venía de las bases. Sólo así, puede entenderse la promulgación de la Ley de Asociaciones Profesionales, que restableció el sindicato único por rama y abolió la representación de las minorías en los cargos sindicales, de ese modo, contribuyó a imposibilitarle el triunfo a las listas opositoras que pretendían disputar la conducción. Por último y quizás lo más importante, la nueva normativa estableció que los aportes de los trabajadores para sostener los sindicatos y las obras sociales serían compulsivos y automáticos, es decir, los empleadores tendrían la obligación de actuar como agentes de retención y transferir dichos aportes a las entidades gremiales, asegurándose el manejo de una enorme masa de dinero. Contrariamente a lo que se cree por sentido común, no fue el peronismo el que estableció los aportes compulsivos y automáticos, sino el radicalismo.

   El plan económico de Frondizi —respaldado por el FMI— consistió en una severa devaluación del peso, el congelamiento de sueldos y el incremento de las tarifas de los servicios públicos. Intentó privatizar organismos estatales, como el frigorífico Lisandro de la Torre, el cual fue defendido por nueve mil operarios que ocuparon sus instalaciones en enero de 1959. A la movilización se sumaron trabajadores fabriles y comerciantes de los barrios porteños aledaños a Mataderos. El paro general por 48 horas convocado por las 62 Organizaciones se hizo porque las bases habían comenzado a ir a la huelga espontáneamente. El 17 de enero, el gobierno de Frondizi envío un gran operativo policial para poner fin a la ocupación, mientras la Infantería de la Marina imponía el control militar sobre varios barrios obreros. Acto seguido, dirigentes de las 62 Organizaciones dieron por terminado el paro de manera inconsulta. En consecuencia, la lucha en el frigorífico concluyó en derrota.

   Cada vez con mayor frecuencia, el gobierno de Frondizi comienza a decretar el estado de sitio, a detener gremialistas, enjuiciarlos bajo la órbita castrense, militarizar estaciones, depósitos y talleres ferroviarios. El “Plan Conintes” puso en manos de las Fuerzas Armadas la coordinación de las tareas de represión interna.

   En este contexto, la cúpula sindical sabía que sus privilegios se mantendrían siempre y cuando prevaleciera su papel de gerenciadora del conflicto obrero. Si la patronal y el gobierno dejaban de temer al activismo de las bases, entonces la aristocracia sindical se vería desdibujada, por lo cual, era fundamental conservar siempre viva la “amenaza obrera”, aunque en un nivel de baja intensidad, que pudieran mantener bajo control. Precisamente, esa estrategia de “golpear primero, negociar después” del vandorismo es lo que ha quedado desdibujada en la actualidad.

   El tiempo dirá si el repliegue actual de la CGT resulta la estrategia más conveniente. A la luz de los ejemplos históricos, elegir su propia supervivencia antes que la confrontación no pareciera ser lo más efectivo. De todos modos, vemos con buenos ojos la reciente actitud de la UOM de convocar por su cuenta a sindicatos para decidir un paro con movilización, a diferencia de la inacción del triunvirato que conduce la CGT.

III. Los analistas y el coro de sirenas

   El tercer factor decisivo del ascenso y sostenimiento de Milei es el discurso homogéneo de los think-tanks, los “opinólogos”, los encuestadores y los especialistas en sondeos de opinión. El circuito de producción, circulación y consumo es sencillo, pero eficiente: una agencia difunde una encuesta de opinión, los mass-media la replican en portales, radios tradicionales y canales de straeming, a la noche, los ciclos televisivos invitan al encuestador a reafirmar y pasar en limpio lo que dice la encuesta.

   Crecimiento o caída de imagen positiva, principales preocupaciones de la sociedad, impacto en determinado sector social de una medida puntual del gobierno, repercusión de una reunión bilateral, productos que los usuarios dejaron de consumir, etc. A grandes rasgos, cualquiera de nosotros tenemos un background individual de los tópicos sobre los que se charla en los programas de televisión nocturnos. Cada tanto, surge algún opinólogo que intenta imitar el modo (no la modalidad) del Turco Asís y se anima a arriesgar una lectura más osada —sin la creatividad del autor de Flores robadas en los jardines de Quilmes, experto en ponerles epítetos ornamentales a cada político de fuste—.

   Me fumo la charla entre Pedro Rosemblat y Andrés Malamud en Gelatina. Este último, lanza: “Milei es muy asimilable a Perón”. La misma afirmación se la oí decir en otro ciclo de streaming del canal Blender (medio cuyo propietario es el agente de prensa mileista Daniel Parisini, autodenominado “Gordo Dan”), con la conducción de Tomás Rebord. Es decir, no se trata de una revelación o un esfuerzo retórico agudo mediante el cual el entrevistador logra sonsacarle al entrevistado una verdad última, no hay proceso de mayéutica al estilo de los griegos, hay frases hechas, encorsetadas, prefabricadas, que los analistas repiten por cuanto medio pululan.

   Explica Malamud: “Perón es un apostador de alto riesgo, lee la política europea, ve que el mundo se va al diablo, su apuesta fue ‘hay Guerra Mundial y en guerra, la autarquía garpa’, pero perdió porque no hubo Tercera Guerra Mundial. Pero no fue una estupidez lo que hizo Perón, sino una apuesta loca que salió mal”. Respecto de Milei, explica el analista: “Milei apuesta por Estados Unidos, la potencia declinante, lo que en los 30 fue el Pacto Rocca-Runciman, una sociedad que nos hizo parecer un país desarrollado, mientras los del barrio eran subdesarrollados, parecíamos Canadá, Australia. Después, no lo fuimos. Gran Bretaña en crisis dice le compro a los míos, la Commonwealth. Milei no necesita 50 años de Estados Unidos, necesita 5. En 2030, podemos ser pro-China. Es inteligente, osado, pero no tiene ninguna garantía de éxito. Pero no es una locura.”

   Cuando lo transcribimos y lo leemos, suena más disparatado que al oírlo. ¿Perón apuesta por una III Guerra Mundial, pero se declara neutral en la II? ¿La autarquía se alcanza (o “garpa”, usando el término del politólogo citado) vendiéndole materias primas a las potencias en guerra o mediante la sustitución de importaciones de bienes y servicios de esas potencias, justamente? ¿Milei es asimilable a Perón por el Pacto Rocca-Runciman que es de la Década Infame y no del peronismo? Todo muy tirado de los pelos. En la era de la posverdad, no hay entredicho, no hay repregunta ni refutación, todo es relativo y da lo mismo comparar un estadista con un mamarracho.

   Pero en el título de este apartado hablamos del “coro de sirenas”, precisamente el título del artículo del filólogo argentino Lucas Rodrigo. Allí, explica que Hesíodo ubica a las sirenas en la isla de Anthemoessa. “El nombre de la isla es una variante del término que aparece en la Odisea para calificar el prado que habitan: anthemoeis, “florido”. Pero ese leimón anthemóenta, ese “prado florido” no corresponde más que a la mitad de la isla; concretamente, a su interior. En contraste con ella, la otra mitad, la playa, es escenario de olvido y de muerte: en ella se amontonan los huesos y los pellejos podridos de los héroes que cayeron bajo el hechizo del canto de las sirenas y cuyos nombres y gestas se perdieron para siempre” (p. 120-1).

   De por sí, esta referencia resulta lo suficientemente clara. Aun así, quisiera avanzar un poco más. Continúa Lucas Rodrigo: “Las sirenas son como las islas que habitan: hermosas y espantosas a la vez. En consecuencia, su canto es irresistible y mortal en partes iguales, pero poseen también un rasgo inequívoco: se trata siempre de un canto coral” (p.121). De hecho, “la palabra sirena (en griego seirén) adquiere todo su significado: derivada de seirá, ‘soga, cadena’, sugiere la idea resaltada por Ana Iriarte de que las sirenas son “las que atan”, “las que sujetan” a sus víctimas con el poder de su canto” (p.122).

   Es curioso que todo el arco político tenga un speech preparado, como si se tratara de responder a la demanda de los focus groups, de tenderle un puente de plata al coro de sirenas de analistas y encuestadores. ¿Será por eso que ya nadie le habla a la clase trabajadora? ¿A quién se intenta agradar, a los votantes o a las agencias de marketing que posicionan o bajan el pulgar a candidatos que se salen del libreto? Otro baluarte del coro de sirenas, José Natanson, diagnosticó hace poco que “el peronismo ha quedado obsoleto”. Nos animamos a invertir la carga de la prueba: ¿no será que la obsolescencia le pertenece al speech preformateado? ¿Cómo va a quedar obsoleta una doctrina política que tiene en su centro la justicia social, en una sociedad cada día más desigual?

En sus últimas entrevistas radiales, el sociólogo Alejandro Horowicz (UBA) viene insistiendo con lo que podríamos denominar una «teoría de los nombres propios», según la cual, los procesos políticos se explican y tienen su fundamento de valor a partir de quién encabezó tal lista o quién fue el candidato en tal o cual elección. Parafraseando a Horowicz: en 2015, CFK elige a Daniel Scioli, este último hoy está con Javier Milei. En ese ballotage, Sergio Massa llama a votar por Mauricio Macri, pero en 2023 Massa es el candidato de CFK en contra de Milei. Todos son intercambiables.

Esta teoría, según su propio autor, se sustenta en las «decisiones materiales» de los políticos y no en sus buenas o malas intenciones. Pareciera que con la sola elección de un candidato para encabezar una lista la suerte de la gestión ya está echada de antemano. Creemos que la teoría falla en un punto: se atiene demasiado servilmente a la coyuntura electoral, como si todo lo que pudiera ocurrir luego durante la gestión fuese una consecuencia directa del político que sacó más votos. Aquí, nuevamente, conviene echar mano al pensamiento nacional: identificar actores, dilucidar condiciones, roles y estrategias de los agentes de la política imperial. ¿No fue acaso un triunfo de la Embajada de Estados Unidos que los candidatos en 2015, 2019 y 2023 hayan sido los que finalmente fueron? ¿Por qué ningún entrevistador le consultó a Horowicz en qué se basa para afirmar que los candidatos son «intercambiables»? ¿A nadie le hace ruido que la teoría incurra en el reduccionismo de calificar al peronismo de «fuerza política»? Los analistas vomitan la sentencia y los periodistas asienten con la cabeza, nadie repregunta.

IV. Las granjas de bots

   El cuarto factor decisivo del posicionamiento encumbrado de Milei es su política de redes sociales. No se trata de inversión monetaria, ni tuits pagos, ni cuentas con tilde azul verificadas, ni análisis de tráfico digital, eso es para la gilada. El verdadero triunfo del proyecto liberal actual radica en la creencia que comparten los nuestros de que toda interacción virtual tiene del otro lado a alguien real, de carne y hueso. No es así, de hecho, unos cuantos analistas en meta-datos se han tomado la molestia de chequear que más de la mitad de los seguidores de Milei son cuentas fantasmas, sin seguidores y radicadas en la India o Bangladesh. Convalidar un interlocutor es sinónimo de convalidar su discurso. Ya no se trata de la metodología del “troll-center” de Marcos Peña, aquellos empleados informáticos que intervenían en redes sociales para romper una línea discursiva, cercenar un debate o desviar el foco de atención de un tema específico. Los bots son otra cosa: son un programa de software que automatiza tareas, como interactuar con usuarios en plataformas como Twitter o Facebook.

   Lo que alguna vez se denominó vagamente “campo nacional y popular” creyó que era posible, tras una discusión o debate, hacerle cambiar al otro su postura u opinión. Esto es válido porque se parte de concebir el debate como la esencia de una sociedad democrática, más aún, teniendo en cuenta que en la denominada “década ganada” fue posible que un votante de Francisco De Narváez votara luego a Cristina Fernández de Kirchner. ¿Cómo no creer en el poder de la palabra, de la persuasión? El problema con las granjas de bots es que no cambiarán nunca de opinión, ya que se dedican a publicar tuits programados y respuestas prefijadas.

   Si los nuestros ya convalidaron un interlocutor y su discurso, también convalidarán fácilmente que allí radica una nueva subjetividad, la del trabajador o ciudadano de las clases populares que adhiere al programa económico de Milei. Nada nuevo bajo el sol desde que Hegel postuló la moral del amo y el esclavo: desde la presidencia de Mauricio Macri se viene insistiendo con la idea de “terminar con la fiesta”, “no es real que un trabajador vaya a cenar a un restaurante”, “le hicieron creer a un empleado que era normal comprarse un celular caro”.

   Se trata del triunfo de la moral del resentimiento. Algo así como “no importa si yo estoy peor, con tal de que los que antes no se merecían estar bien, ahora también están peor”. Entonces, pareciera que el problema no era la alta inflación de Sergio Massa como ministro de Economía, ni los altos índices de pobreza de Alberto Fernández, ni que CFK le cobrara impuesto a las ganancias a los trabajadores, en suma, el problema nunca fue estar mal, sino que el otro estuviera bien. Con este esquema de razonamiento, la población ha aceptado y se ha acostumbrado a un nivel de miseria y de carencias inédito.

   El periodista Edgardo Rovira lo explica en un tuit: “que el comercio caiga, que el salario rinda menos o que el trabajo falte entra en una lógica de corrección moral. El deterioro propio se vuelve tolerable bajo la creencia de que alguien más pierde un privilegio ilegítimo. La sensación de castigo funciona como alivio simbólico. Se asume que el verdadero sufrimiento pertenece al que pierde algo que no debía tener.”

   Y agrega: “en ese marco, estar peor deja de ser una señal de fracaso para transformarse en una prueba de justicia. El ajuste se vive como pedagogía social. La política dejó de prometer bienestar para pasar a administrar culpas. El mecanismo de negación radica en creer que el daño siempre le pertenece a otro. El cuerpo propio siente el impacto de las medidas económicas y la mente lo procesa como un ordenamiento necesario de las jerarquías sociales”.

   Por nuestra parte, agregamos que la moral del resentimiento va a caballito de una pedagogía de la autodenigración: “somos un país de mierda”, “la única salida es Ezeiza”, etc.

IV. Espionaje a cielo abierto

   El último de los cinco factores que sostienen el terraplanismo económico actual se dio a través de un decreto presidencial que provocó un cambio abrupto de las leyes de Inteligencia, Defensa y Seguridad. Como explica Juan Alonso en un artículo titulado “Una empresa de EE.UU. espía a los argentinos”, en el portal Diario Red: “No sólo empodera a los espías de la SIDE para que puedan detener personas sin orden judicial previa, con la excusa de supuestas actividades terroristas, sino que también habilitó al Ejército para que pueda intervenir en tareas de Seguridad Interior —reduciéndolo a una mera Guardia Nacional—, un viejo anhelo de EE.UU. en Sudamérica”.

   La empresa que firmó contratos especiales con los ejércitos de EE.UU., Israel y fuerzas especiales de Inglaterra es Palantir, “que cuenta con un programa especial para adelantar potenciales comportamientos considerados “peligrosos” de las personas”, agrega Alonso.

   En consecuencia, no importa que el salario no alcance y haya que trabajar el triple para cubrir la canasta básica de alimentos, no importa que la medición de la inflación nos resulte una broma de mal gusto, alejada de nuestra realidad cotidiana, que tres de cada cuatro trabajadores ganen por debajo de la línea de la pobreza, siempre y cuando en la tele no se hable de esto. Los mass-media nos muestran al Presidente aullando “Amor salvaje” en un festival folklórico, diciendo que “sacó a 12 millones de personas de la pobreza” o cantando en el Movistar Arena con cinco camperas y 40°C.

   En cualquier momento, Milei dirá que la ley de la gravedad no existe, que la Tierra es plana y la teoría heliocéntrica es un complot del populismo, ya que el globo terráqueo no gira alrededor del Sol. Los medios hegemónicos lo reproducirán, los analistas y encuestadores dirán que cayó bien la palabra del Presidente en los focus groups, los sindicatos harán una asamblea para ver si sacan un comunicado por redes sociales y los bots replicarán el speech. Usted no podrá retrucar porque podrá ir en cana si lo lee la SIDE.

*Director de Revista Punzó. Licenciado en Periodismo, licenciado y profesor en Letras (Universidad Nacional de Lomas de Zamora). Diplomado en ESI (DGCyE), Diplomado en Interculturalidad en la escuela (UCES), y Diplomado en Herramientas didáctico-pedagógicas para la implementación de las TICs en los procesos de enseñanza (UCES).

Fuentes bibliográficas y videográficas:

  • Alonso, Juan (21/01/2026). “Una empresa de EE.UU. espía a los argentinos”. Diario Red.

https://www.diario-red.com/articulo/argentina/empresa-ee-uu-espia-argentinos/20260121100000062312.html

  • Malamud, Andrés (2026). “Milei está haciendo una gran apuesta”. Gelatina.

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