25 de Mayo: Jauretche, patriota inmortal

El texto presenta las obras e ideas principales del escritor bonaerense, fundador de FORJA. Su vínculo con otros intelectuales argentinos y la vigencia de su propuesta.

Por Diego Eloy Ramírez (*)

“Hasta que un día el paisano

acabe con este infierno

 y haciendo suyo el gobierno

 con solo esta ley se rija:

o es pa’ todos la cobija

o es pa’ todos el invierno”.

Arturo Jauretche

Se cumplen 50 años del paso a la inmortalidad de Arturo Martín Jauretche, aquel criollo oriundo de la ciudad bonaerense de Lincoln, que durante toda su vida se dio a la tarea, según sus propias palabras, “de formar, no un pensamiento, sino un modo de pensar”[1]. “Hay que pensar en nacional”, predicaba.

La obsesión de Jauretche era que los argentinos tengamos la capacidad de “ver el mundo desde nosotros y para nosotros”, en contraposición al pensamiento colonizado introducido por los opresores de adentro y de afuera.

Fundador y cabeza de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) instaló esa tan necesaria batalla cultural desde el contundente lema “somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”.

En plena «Década Infame», proponía una política que nos lleve a “pensar y dirigir el destino del país en vinculación directa con los intereses de las masas populares, la afirmación de nuestra independencia política en el orden internacional y la aspiración de una realización sin sujeción a intereses imperiales dominantes” [2], las tres banderas que una década más tarde concretara el peronismo.

Era un vehemente militante de la causa nacional, dispuesto a poner la mente, pero también el cuerpo para defender sus convicciones, como queda registrado en su primer libro El paso de los Libres, aquel poderoso y bello poema gauchesco, que narra el levantamiento armado yrigoyenista, del cual don Arturo fue protagonista, después del golpe de 1930:

Yo soy hombre de trabajo

y muy tranquilo en la paz,

pero estimo el deber más

que la paz que a mí me gusta:

por eso a una causa justa

no le he fallado jamás.[3]

  Ese libro fue prologado en su primera edición por el orfebre literario, en ese entonces un joven nacional y popular, Jorge Luis Borges, aunque años después negara haber conocido a Jauretche y sus inicios yrigoyenistas.

Otro de los aportes fundamentales del pensador nacional, fue que desde su revisionismo histórico profundamente antiimperialista desenmascaró que, aquello a los argentinos se nos presentó como historia, es en realidad “una política de la historia, en que esta es sólo un instrumento de planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de la Nación” [4], explica en su brillante Política nacional y revisionismo histórico.

La historia oficial, que tiene como padre a Bartolomé Mitre, tenía que construir un relato que sirva para justificar los intereses imperialistas y los de sus representantes locales, avalando, además, la balcanización de la “Patria Grande” y valiéndose no solo de la educación formal, sino de toda la superestructura cultural. Es así, que la “Patria Chica” surge “de la desvinculación de nuestras patrias originalmente unidas, y sus hombres son los que presidieron y facilitaron esa disgregación buscada desde afuera” [5], completa en Ejército y Política.

Los aportes de don Arturo para comprender la realidad son inconmensurables. Su obra dejó una huella fundamental para pensar el mundo “desde acá”. Tal vez, sea su trilogía compuesta por El medio pelo en la sociedad argentina, la versión actualizada de Los profetas del odio El manual de zonceras, la que se convirtió en un referente insoslayable para analizar y comprender la realidad nacional.

Cada libro de esta trilogía aborda aspectos diferentes, pero que están interrelacionados. En El medio pelo en la sociedad argentina se enfoca en la estructuración social, mientras que en Los profetas del odio y la yapa examina la cuestión cultural, y en el Manual de zonceras se sumerge en los contenidos ideológicos, aquellos “principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia -y en dosis para adultos”[6], que moldean la mentalidad colectiva. Estas obras dialogan entre sí, enriqueciendo el análisis de Jauretche sobre la realidad argentina.

Todos estos aportes están alineados en combatir la “colonización pedagógica”, categoría que explica cómo funciona la dominación en los países semicoloniales como el nuestro.

Según Jauretche, esa colonización pedagógica “está centrada en sus verdaderos términos en el libro de Jorge Abelardo RamosCrisis y resurrección de la literatura argentina. Allí, Ramos explica que ‘en la medida que la colonización pedagógica no se ha realizado, sólo predomina en la colonia el interés económico fundado en la garantía de las armas. Pero en las semicolonias, que gozan de un status político independiente decorado por la ficción jurídica, aquella ‘colonización pedagógica’ se revela esencial, pues no dispone de otra fuerza para asegurar la perpetuación del dominio imperialista, y ya es sabido que las ideas, en cierto grado de evolución, se truecan en fuerza material. […] La cuestión está planteada en los hechos mismos, en la europeización y alienación escandalosa de nuestra literatura, de nuestro pensamiento filosófico, de la crítica histórica, del cuento y del ensayo. Trasciende a todos los dominios del pensamiento y de la creación estética y su expresión es tan general que rechaza la idea de una tendencia efímera. […] Bajo estas condiciones históricas se formó nuestra élite intelectual’” [7].

En los días que corren, en que el campo nacional pareciera estar a deriva frente a los cipayos de turno y a los oportunistas de siempre, es fundamental retomar las enseñanzas de Arturo Jauretche. Su pensamiento debe estar más vigente que nunca, en estos tiempos en que se está instaurando un nuevo “Estatuto Legal del Coloniaje”.

No cabe duda que las ideas de Jauretche son fundamentales a la hora de pelear por un país justo, pero su ejemplo de vida y compromiso con sus “paisanos” son aún más notables y deben ser tenidos rigurosamente en cuenta. Su absoluta entrega y empatía hacia su pueblo son un faro a seguir. Actuar frente a las injusticias debe ser condición sine qua non en estos tiempos. Y así era don Arturo, que no tenía ningún tipo de tolerancia ante la injusticia.

Característica central de su personalidad, que su biógrafo y discípulo, Norberto Galasso, refleja en una anécdota sobre Jauretche pocos años antes de morir: “Jauretche acostumbraba a tomar café en el bar de Córdoba y Esmeralda, a metros de su domicilio. Es ahí que a un señor le lustraba los zapatos un niño y en un momento le manchó la media con la pomada. El hombre reaccionó tirándole del pelo y diciéndole `negrito de porquería, tenías que ser del interior`, y al escucharlo, Jauretche, obeso y con más de 70 años encima, le respondió con un trompazo y diciéndole: `hijo de puta, te voy a enseñar a respetar a la gente`. Así era él. No toleraba la injusticia”[8].

(*) Licenciado en Periodismo (UNLZ) y docente. Divulgador del Pensamiento nacional, es autor de El Último Maldito, conversaciones con Norberto Galasso. Integra la cátedra de Pensamiento Nacional en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Militante popular.


[1] Jauretche, A. (2013). Enfoques para un estudio de la realidad nacional, Buenos Aires, Corregidor. p. 70.

[2] Jauretche, A. (2015). Forja y la década infame, Buenos Aires, Corregidor. p. 21.

[3] Jauretche, A. (2009). El Paso de los Libres, Buenos Aires, Corregidor. p. 34.

[4] Jauretche, A. (2011). Política nacional y revisionismo histórico, Buenos Aires, Corregidor. p.16.

[5] Jauretche, A. (2008). Ejército y política, Buenos Aires, Corregidor. p. 209.

[6] Jauretche, A. (2002). Manual de Zonceras argentinas, Buenos Aires, Corregidor. p. 12.

[7] Jauretche, A. (2012). Los profetas del odio y la yapa, Buenos Aires, Corregidor. p. 98.

[8] Télam (2014). Arturo Jaureche según Norberto Galasso por Liliana Valle


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