Desmalvinización: ¿período histórico o estrategia del colonialismo intelectual?

El texto analiza el concepto de desmalvinización en clave histórica. Lejos de pensarlo como un período posterior a la guerra se lo trabaja como una estrategia colonial.

Por Marcelo Ibarra

I. Periodizaciones

   En el acto oficial por Malvinas de 2025, transmitido por cadena nacional, el Presidente Javier Milei señaló: “Nosotros siempre dejamos claro que el voto más importante de todos es el que se hace con los pies y anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos ser una potencia, a punto tal que ellos prefieran ser argentinos. Y ni siquiera haga falta usar la disuasión o el convencimiento para lograrlo”.

   Tal discurso se inscribe en la línea histórica de la desmalvinización, ya que considera “malvinenses” a los usurpadores y retoma la fallida “política de seducción” del menemismo, que devino en un contundente fracaso al asignarle status político a los kelpers, dándoles voz y voto en un conflicto bilateral, transformándolo en una disputa trilateral. En concreto, la población inglesa que ocupa Malvinas no son una “tercera parte” involucrada, sino agentes coloniales del país invasor y usurpador.

   Desmalvinización fue un término acuñado por el intelectual francés Alain Rouquié, especialista en política latinoamericana contemporánea, en la década del 80: “dispositivo político-discursivo orientado a producir un ‘relato’ e instalar un ‘imaginario’ sobre Malvinas en la sociedad argentina”. En una entrevista realizada por Osvaldo Soriano para la revista Humor Registrado en 1983, el politólogo europeo señaló que quienes quieran evitar “que los militares vuelvan al poder, tienen que dedicarse a desmalvinizar la vida argentina porque, para los militares, las Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia, su función y, un día, de rehabilitarse. Intentarán hacer olvidar la guerra sucia contra la subversión y harán saber que ellos tuvieron una función evidente y manifiesta, que es la defensa de la soberanía nacional. […] Malvinizar la política argentina agregará otra bomba de tiempo en la Casa Rosada”.

   Tampoco pasamos por alto la conceptualización de “guerra sucia” para referirse al Terrorismo de Estado. Subrayemos que no se trató de una “guerra” contra la subversión, ya que el grueso de los secuestrados, torturados y desaparecidos fueron delegados gremiales, estudiantes, intelectuales e incluyó la apropiación de bebés. En este sentido, el primer favor que se le hace a la dictadura es la interpretación de la guerra como “manotazo de ahogado” por parte de un gobierno militar con la opinión pública en contra. Esta secuencia de hechos termina por desdibujar el rol de las Fuerzas Armadas y daría la sensación que el terrorismo de Estado y la guerra de Malvinas son dos hechos aislados. Por el contrario, la “aventura” militar consistió en intentar recuperar las islas sin ningún tipo de plan estratégico.

   Ahora bien, el planteo de Rouquié se podría resumir a modo de teorema: cuanto más reivindiquen la causa Malvinas, más posibilidades hay de que regresen los militares. Por disparado que suene, esta fue la postura oficial del Estado nacional durante la década de 1980 y 1990. En tal contexto, la desmalvinización “tendría un efecto deshistorizador e impondría una suerte de amnesia colectiva en torno a la reclamación argentina sobre Malvinas, que dejaría sin respuesta las preguntas más urgentes y necesarias. El silencio duradero terminaría condenando al olvido a los jóvenes combatientes de la guerra y a los familiares de los caídos en el conflicto” (María Verónica Piccone y Marcelo Mangini, p.248).

   Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se mantuvo silencio sobre el “informe Rattenbach”, como símbolo de protección hacia las Fuerzas Armadas, mientras se negociaba una salida electoral con el último presidente de facto, Reynaldo Bignone. El gobierno radical no fue ajeno a la desmalvinización, ya que hubo declaraciones de Alfonsín donde calificaba a la guerra como un “carro atmosférico” y “aventura inclasificable”. En tanto, el mencionado informe tomó el nombre del teniente general Benjamín Rattenbach, que presidió el cuerpo integrado por siete militares en retiro efectivo y cuyo nombre oficial fue Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades Políticas y Estratégico Militares en el Conflicto del Atlántico Sur. Recién el 24 de enero de 2012, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ordenó desclasificar su contenido.

   Durante la presidencia de Carlos Menem (1989-1999), el Estado implementó la reprobable “política de seducción” de los kelpers. Según explican Piccone y Mangini, mientras el gobierno de Alfonsín “se limitaría a una política de reducción de daños orientada a reconstruir la imagen del país, fundamentalmente en los foros multilaterales”, las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña no fueron restablecidas, el menemismo procuró el restablecimiento de relaciones, en febrero de 1990, a través del “Tratado Anglo-Argentino de Madrid”, y en diciembre del mismo año mediante el “Tratado Anglo-Argentino de Promoción y Protección de las Inversiones”, firmado en Londres (249).

   Dicho restablecimiento de las relaciones diplomáticas y económicas entre ambos países se llevó a cabo en el contexto de un giro fundamental en la política externa de la Argentina, al adoptar el recetario neoliberal dictado por el “Consenso de Washington” y alinear al país de forma definitiva con las potencias occidentales.

   En concreto, la “política de seducción”, a cargo del canciller Guido Di Tella, se implementó a partir de 1993, e intentó sentar a la mesa de negociación a Gran Bretaña a través del acercamiento con los habitantes ingleses en las islas —los “kelpers”—. Para avanzar en este acercamiento, “la Cancillería argentina distribuía entre la población de las islas regalos infantiles (videos animados, libros y osos de peluche) y tarjetas navideñas”, como señalan agudamente Piccone y Mangini. Este viraje estratégico echaría por la borda la postura del país de mantener el conflicto en el plano exclusivamente bilateral, en el que los kelpers no tenían status político alguno. Por el contrario, bajo la “política de seducción, la Argentina convertía el diferendo en un asunto trilateral, donde los isleños lograban el reconocimiento político como parte involucrada en el conflicto con voz y voto en las negociaciones” (250).

   En los hechos, la política de seducción resultó un fracaso porque no sólo no logró que avance el reclamo soberano de la Argentina, sino que, al incluir a los kelpers como parte negociadora, incluso limitó las posibilidades para una negociación exitosa. El reconocimiento a los ingleses habitantes de las islas en el proceso de negociación significó el otorgamiento de importantes beneficios en materia de pesca, hidrocarburos y comunicaciones, en detrimento de los intereses argentinos. Más aún, tal reconocimiento de los kelpers como comunidad abría la puerta al argumento futuro de su derecho a la autodeterminación.

II. Remalvinización

   En este punto, los autores citados Piccone y Mangini plantean que, a partir de 2003, se evidencia una renovación respecto del reclamo de soberanía sobre Malvinas. Como fundamento, esgrimen el hecho de que ya en su primer día de gobierno, Néstor Kirchner declaró: “venimos desde el sur de la Patria, de la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales y sostendremos inclaudicablemente nuestro reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas”. Agregan que a este giro discursivo se lo acompañó con un endurecimiento de la postura de Argentina, a menos de un mes de inaugurado el nuevo gobierno, en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, donde desconocería las acciones unilaterales británicas en materia de concesiones pesqueras, mineras e hidrocarburíferas. En este contexto, el canciller Rafael Bielsa retomó el criterio histórico de hablar de “intereses” de los kelpers y no ya sus “deseos”, apegándose a los términos establecidos por la resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU, de 1965. En esta diferencia semántica, Piccone y Mangini observan un reposicionamiento diplomático fundamental, en tanto que da por terminada la política de seducción llevada adelante durante el menemismo. Posteriormente, en su primera gira internacional, el presidente Néstor Kirchner le plantearía a su par británico Tony Blair la necesidad de reanudar las conversaciones respecto de la soberanía argentina sobre las Malvinas. Este gesto, “inusual en un encuentro de jefes de Estado, tendría una respuesta silenciosa por parte del premier” (251).

   En esta línea, el decreto 1357/04 promulgado por Kirchner establecía la igualación de las pensiones a los veteranos de guerra en la suma equivalente a tres haberes jubilatorios. Además, Cancillería planteó una queja formal por la inclusión de las Islas Malvinas como territorio de ultramar británico en el Tratado de la Constitución europea de 2004; se rescindió en 2007 la Declaración Conjunta argentino-británica para la exploración y explotación conjunta de hidrocarburos, firmada por el gobierno de Menem en 1995. También en 2007, el gobierno decidió la exclusión de la operación en territorio argentino de aquellas empresas internacionales que exploren o exploten hidrocarburos en el área de Malvinas e impulsó la modificación de la Ley Federal de Pesca con el objetivo de endurecer las sanciones a los barcos que operen en la región de las Islas sin permiso argentino. Ya durante la presidencia de Cristina Fernández, en diciembre de 2009, fue promulgada la ley 26.552, que ratifica la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas a partir de su inclusión dentro de la jurisdicción político-territorial de la provincia de Tierra del Fuego.

  Para Piccone y Mangini, el gran triunfo de la remalvinización estriba en su regionalización, al ser apoyado el reclamo argentino por los demás países sudamericanos, a través de distintos organismos (Mercosur, Unasur, Alba). Pero este modo de periodizar el conflicto dejaría entrever que una vez producida la remalvinización, ya no hay marcha atrás en las disputas ideológicas. A juzgar por los discursos oficiales de 2015 a 2025, la intelligentzia criolla —los agentes intelectuales de la colonización pedagógica— siempre encuentra ocasiones propicias para fundamentar el renunciamiento de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas.

   Además, este modo de periodizar pasa por alto el aporte invaluable del pensamiento nacional sobre Malvinas: como detalla el sociólogo Juan Godoy, “el 3 de enero de 1938, FORJA realiza un acto en recuerdo y repudio a la ocupación británica de las Islas Malvinas en 1833. La ocupación de las Islas Malvinas por la potencia imperial aparece como un signo del vasallaje político y económico, así los muchachos forjistas afirman en un volante, ante un nuevo aniversario del coloniaje: ‘Las Islas Malvinas son la expresión geográfica de la dominación inglesa sobre la Argentina (…) La conciencia argentina debe agitarse permanentemente en reafirmación de la voluntad nacional de recuperar las Malvinas’”.

   La reivindicación de la soberanía argentina tampoco es algo del pasado: por estos días se está cumpliendo un año de la presentación en el stand de la Provincia de Buenos Aires, en el marco de la Feria del Libro, del mapa bicontinental. En un artículo publicado en Punzó, Verónica Randi, directora de Políticas Socioculturales de Lomas de Zamora, señaló: “Lomas de Zamora lanzó en 2019 el Programa para la Difusión del Mapa Bicontinental, Conocimiento de Islas Malvinas, Antártida Argentina y Atlántico Sur desde su Dirección de Políticas Educativas Comunitarias. Fue el primer programa con este objeto en el territorio nacional. En 2021, la Secretaría de Educación del Municipio entregó el mapa bicontinental pizarra para todos los niveles educativos”.

   El mapa bicontinental es un aporte invaluable, ya que permite abordar Malvinas más allá de la efeméride. Como explica Laura Obredor en “Pedagogía de la memoria: Malvinas en las aulas”, “Pensar Malvinas es sacarla de los manuales para construir una historia familiar acerca de cuál es la cercanía que cada uno de nosotros con los acontecimientos. El pensar qué hacían nuestros padres, abuelos, hermanos en ese momento. Qué pensaba y piensa la sociedad misma”. En ese reconstruir de la memoria colectiva, “nos encontramos con relatos que nos interpelan como sociedad. El caso de madres y padres de los héroes de Malvinas o aquellos que desde su lugar desearon rendirles homenaje poniéndoles a sus hijas Malvina o Soledad. Y faltan temas por desarrollar, como el caso de las mujeres que participaron de la guerra como soldado o enfermeras”.

III. Vocación de colonia

   En una entrevista para la señal televisiva LN+ en agosto de 2021, Beatriz Sarlo señaló que “las Malvinas son territorio británico”. El argumento de la referente intelectual de la UBA fue: “Reivindicando tierras que, aparentemente, fueron de la Argentina en la década del 30 del siglo XIX. Es decir, cuando la Argentina aún no se llamaba Argentina. Cuando aún no estaba unificada como país. Cuando aún no tenía Constitución. Todavía hoy se agita eso cada vez que se quiere hacer cierta propaganda nacional”.

   Siguiendo el criterio de Sarlo, habría que darle Buenos Aires a Gran Bretaña porque durante las Invasiones inglesas de 1806 y 1807 no sólo no existía Argentina como país, sino que tampoco teníamos Declaración de la Independencia ni primer gobierno patrio, se trataba de un territorio del Virreinato del Río de la Plata. Y llevando al extremo su razonamiento, también se le tendría que haber dado el Río Paraná y las provincias del litoral a la Corona anglosajona porque para el momento de la Batalla de Vuelta de Obligado (1845) aún faltaban unos largos ocho años para la sanción de la Constitución Nacional (1853).

   En un tuit del 19 de agosto de 2020, la por entonces ministra de Género Elizabeth Gómez Alcorta calificó de “controversia” la usurpación imperialista y colonialista británica de Malvinas. Lo hizo luego de ser criticada por una reunión con el embajador británico para “trabajar en una agenda común” sobre “proyectos con perspectiva de género y diversidad en conjunto”. Se evidencia, entonces, que la desmalvinización es un trabajo de hormiga, desde sectores conservadores, liberales, hasta progresistas y referentes intelectuales académicos.

   Por el contrario, la remalvinización debe pensarse de manera holística y transversal, no como una etapa, sino como una programática, que debe incluir desde la derrota del general británico William Beresford en las invasiones inglesas de 1806 y 1807, la reivindicación de la figura de Antonio “Gaucho” Rivero, líder de los peones sublevados que recuperaron Malvinas, la resistencia al bloqueo anglo-francés y la batalla de Vuelta de Obligado, hasta la denuncia al imperialismo de FORJA, la pedagogía de la memoria y el empleo del mapa bicontinental en las aulas.

Bibliografía:

  • Godoy, Juan: “FORJA, la invasión inglesa y nuestras Islas Malvinas: denuncias para la soberanía nacional”. En Revista Punzó, 21/05/2021.
  • Obredor, Laura: “Pedagogía de la memoria: Malvinas en las aulas”. En Revista Punzó, 14/06/2022.
  • Piccone, María Verónica y Mangini, Marcelo (2014). “De la «desmalvinización» a la regionalización del reclamo argentino por la soberanía sobre las Islas Malvinas”. Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación; pp. 247-255. Disponible en Repositorio Institucional de CONICET: https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/105343
  • Randi, Verónica: “Mapa Bicontinental: iniciativa educativa para repensar la soberanía”. En Revista Punzó, 24/05/2024.
  • Sarlo, Beatriz: “Las Malvinas son territorio británico”. La Nación, 4/8/2021.

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