La melancolía de los fantasmas

La primera novela de Fernanda Riveros es una narración sutil y elegante, sobre el paso del tiempo, la memoria y sobre el cuidado de los otros como una forma de redención.

Por Agustín Caldaroni

El peso de las mariposas es una novela de fantasmas. No de espíritus, ni de muertos que transmutan en espectros, se trata de los fantasmas de la memoria y de personas que viven como fantasmas. ¿Qué es una anciana enferma sola, rumiando recuerdos, confundiendo nombres y hechos, sino un proyecto de fantasma? ¿No atravesamos una existencia fantasmal cuando estamos a la espera de un gran acontecimiento vital que nos saque del letargo?

   La narradora de esta novela es testigo de la decadencia física y mental de Delia, una anciana que acaba de enviudar. Delia es la tía de su pareja. Después de perder a su esposo, vive sola en una casa atestada de basura y cachivaches. Se volvió una acumuladora y empieza a mostrar signos de senilidad, hasta que Florencia, la protagonista, y su esposo Santiago se hacen cargo de ella.

   De entrada nos encontramos en un ambiente sórdido y asfixiante. La prosa transmite con eficacia humedad de encierro, podredumbre, el tufo rancio de los ancianos que ya no pueden valerse por sí mismos. Esa casa atestada de basura y cucarachas es el ambiente donde Delia sobrevive amparada en los recuerdos. La protagonista siente un rechazo visceral por ese ambiente donde los objetos parecen cubiertos por un ectoplasma maligno. Proteger a Delia se vuelve casi una obsesión para Florencia. No se trata simplemente del cuidado de una anciana, una obligación familiar. Su mirada se detiene en la fragilidad de la mujer, en los gestos infantiles, la acompaña como una testigo fascinada de su deterioro, se pierde con ella en los recuerdos.

   “Toda vida es un proceso de demolición” dice F. Scott Fitzgerald en The Crack-Up. En ese proceso se encuentran los personajes de esta novela, pero Delia en sus delirios seniles no se resiste, está a la deriva sin capacidad de maniobra, se pierde por la ciudad, juega con un globo terráqueo imaginando viajes, se empeña en vivir. El verdadero fantasma errante de esta novela es Florencia, que parece buscar en el cuidado de Delia un proyecto, una razón para no desaparecer. Trabaja de guionista sin entusiasmo, perdió un embarazo, se pregunta si desea compartir el resto de su vida con su marido y volver a intentar ser madre. Y deambula por la ciudad. Los accidentes de Delia, sus achaques, su departamento enlutado, las desapariciones de la anciana, transforman a Florencia en una especie de detective existencialista que debe reconstruir y esclarecer la vida de esa mujer que apenas conoce.

    La novela se mueve por escenarios porteños, trenes, bares, hospitales. Todos los ambientes pintados en gris. Pero más allá de abordar una temática que puede resultar sombría, los espacios urbanos que atraviesa la protagonista contagian vitalidad: la sensación plácida y modorrienta de resguardarse en un café una mañana fría y observar las caras anónimas de otras mesas.

   Durante el último tramo de la novela se da una transformación que opera en los personajes y en el clima, como si una efusión lírica de la prosa limpiara el cielo encapotado. Pasamos del gris al verde y los fantasmas salen del claustro citadino. Un viaje, paisaje bucólico. Una forma de belleza sutil, tal vez la redención de estos fantasmas.

Fernanda Riveros. El peso de las mariposas. El Fatalista, 2025.


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