Macacha Güemes: la gauchería de la Patria

Por Laura Osorio*

La figura de Macacha destaca como ejemplo de soberanía, a cargo de la «Revolución de las Polleras», supo hacerse un lugar en los estudios revisionistas como una de las heroínas de la historia independentista.

Desde la comodidad de nuestro presente, invocar la imaginación social necesaria para habitar el tiempo de 1787 exige un ejercicio de consciencia superior. Para nuestros próceres, vivir bajo el yugo colonial no era solo una condición política, sino el cautiverio del espíritu. Ellos eligieron la soberanía: la capacidad ontológica de ejecutar la propia realidad sin tutelajes, entregando su vida por esta certeza. En este escenario de victoria absoluta, emerge María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, conocida por la posteridad como «Macacha«.

​ Nacida el 11 de diciembre de 1787 bajo el sol de Sagitario, fue la tercera de los ocho hijos de Gabriel de Güemes y Montero, tesorero de la Real Hacienda, y de María Magdalena de Goyechea y la Corte, mujer de la hidalguía que fundó San Salvador de Jujuy. En el seno de esta familia, Macacha estableció un vínculo de absoluta paridad con su hermano inmediato mayor, Miguel Martín de Güemes, nacido en 1785; entre ambos mediaban solo dos años de diferencia, una alianza de pensamiento y acción que definiría el curso de nuestra Independencia.

Gracias a la vasta biblioteca de su padre, su formación intelectual no conoció distinciones de género desde su niñez. Esta preparación le permitió gestionar la resistencia norteña con amorosidad y firmeza: mientras el General movilizaba a sus fuerzas en el campo de batalla, Macacha gobernaba de facto, manteniendo el orden institucional y el flujo vital de recursos, pues tratar con ella equivalía a tratar directamente con el General.

​ Su genio se cristalizó en el «Sistema de Inteligencia Güemesiano» y su red de «bomberas», convirtiendo la invisibilidad social impuesta a la mujer en una herramienta de espionaje de alta precisión que desmanteló el poderío realista. Asimismo, impulsó el «Fuero Gaucho», una innovación jurídica que garantizó que la libertad de la Patria no se edificara sobre la desposesión, blindando el patrimonio y la dignidad del soldado. Su maestría política alcanzó su punto álgido en el Pacto de los Cerrillos de 1816, donde evitó el conflicto fratricida, salvaguardando la unidad necesaria para la Independencia.

​ La gesta histórica comenzó con el nacimiento de Miguel Martín de Güemes en 1785 y el de Macacha en 1787, seguidos por una infancia y formación en un hogar ilustrado que les brindó una instrucción sin distinción de género. En 1806, Martín Miguel protagonizó el abordaje del buque Justine, forjando su capacidad militar, mientras que entre 1810 y 1815, la familia volcó su capital a la Revolución y Macacha consolidó el control territorial en Salta. Tras el Pacto de los Cerrillos de 1816 y la posterior implementación del Fuero Gaucho, el sistema de inteligencia y las bomberas operaron con precisión hasta la incursión realista del 7 de junio de 1821, donde Martín Miguel fue herido de gravedad.

​ Tras diez días de agonía, el General pasó a la inmortalidad el 17 de junio de 1821, no sin antes convocar a Macacha para asegurar la continuidad de la defensa. En ese contexto de duelo, el centralismo porteño y sus aliados locales encarcelaron a Macacha y a su madre, María Magdalena de Goyechea, en un intento por desmantelar el bastión güemesiano. La respuesta fue la «Revolución de las Polleras», una movilización masiva y organizada de mujeres que presionó al poder hasta lograr la liberación de Macacha, confirmando su legitimidad y liderazgo natural.

​ A partir de 1821 y hasta el fin de sus días en 1866, Macacha continuó una vida de resistencia, manteniendo los ideales güemesianos y su liderazgo social en Salta, a pesar de los constantes intentos por borrar su influencia. Su fallecimiento el 7 de junio de 1866 cerró un ciclo de entrega total a la soberanía de la Patria. Hablar de Macacha es reconocer a la mujer que, desde la consciencia plena y el uso soberano de sus recursos, definió la libertad no como una idea abstracta, sino como el derecho inalienable a la autogestión. Ella nos demuestra que la mujer es la guardiana del territorio y la arquitecta de un destino propio; una verdad que resuena en nuestro presente como un llamado a la acción consciente y a la victoria absoluta.

*Profesora de Literatura.


Descubre más desde

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario