Jauretche: Plan Prebisch como retorno al coloniaje

El ciclo que se abre a partir del derrocamiento de Perón en 1955, no sólo significó la proscripción del movimiento popular más importante del continente, también implicó regresar al endeudamiento. Arturo Jauretche lo denunció tempranamente en un libro que cumple 70 años.

Por Arturo Jauretche

Este trabajo ha sido escrito a las luces vacilantes del vivac. Casi de píe, entre los que venían a traerme su angustia por los familiares y amigos, presos o desaparecidos, mientras se corrían consignas entre la masa partidaria, se preparaba un peri6dico: El 45, en la incertidumbre de su impresión y su circulación —y sin la propia seguridad personal— expuestos como estamos todos a la prisión y a la infamación pública.

Porque si el país no se encuentra en la situación catastrófica que él anuncia; sino por el contrario, como lo demostramos, acaba de superar ampliamente una situación mucho más grave —la de 1951 y 52— por sus propios recursos, todo el intento ccmstructivo que parte del supuesto dramático, carece de base y es sólo un artilugio de prestidigitador.

Estamos en presencia de una operación de desembarco, en que la revolución política sólo tiene por objeto encubrir una contrarrevolución económica y social para replantear al país sobre su vieja base colonial cuya economía no admite 18 millones de argentinos prósperos y felices.

Raúl Prebisch presentó un informe sobre la situación económica de la Argentina dejada por el gobierno peronista. Ese diagnóstico fue la base argumentativa de la dictadura del 55 para endeudar el país y aplicar un severo plan de ajuste. Como si fuera poco, el hombre fuerte del programa económico de La Fusiladora señaló en una conferencia de prensa que había sido elogiado en Inglaterra, tras su paso al frente del Banco Central durante la década infame. Rápidamente, Arturo Jauretche lo refutó: “¿Acaso en 1935 Lisandro de la Torre no acusó al señor Prebisch de olvidar su condición de gerente del Banco Central para servir a los intereses de los frigoríficos extranjeros en contra del interés nacional?” (1955: 21). Agrega Don Arturo: “Si en aquella oportunidad. Prebisch hubiera defendido los intereses de su Patria, en lugar de servir al capital extranjero, hubiéramos sido nosotros los argentinos los que al término de su función expresáramos ‘es un hombre honesto’. Si no lo hemos hecho. si no hemos podido compartir el juicio británico, no es ciertamente por un exceso de superficialidad”.

El primer aspecto que le critica Jauretche a Prebisch es que el informe comienza por la conclusión y que, luego, ensaya una demostración. “Según Prebisch, nuestro país «atraviesa por la crisis más aguda de su desarrollo económico; más que aquella que el presidente Avellaneda hubo de conjurar ahorrando sobre el hambre y la sed, y más que la del 90 y que la de hace un cuarto de siglo, en plena depresión mundial. El país se encontraba en aquellos tiempos con fuerzas productivas intactas. No es éste el caso de hoy: están seriamente comprometidos los factores dinámicos de su economía»” (pp. 22).

Jauretche reconoce los cimbronazos provocados por la sequía de 1952, pero también remarca que el mayor impacto que tuvo ese inconveniente climático fue en la generación de divisas, dado que el complejo agroexportador experimentó una contracción de su capacidad de exportación de materias primas. Por ello, el fundador de FORJA proporciona un cuadro esclarecedor:

Y agrega Don Arturo que “aumenta la ocupación y las horas trabajadas en la industria, aumenta también el volumen físico de la producción industrial, recupera el comercio minorista un más alto nivel de ventas y los cheques compensados por los bancos marcan un alto grado de actividad económica después del receso de 1952. Al mismo tiempo, vuelve a tomar un intenso ritmo la construcción como lo demuestra la estadística de superficie cubierta en la Capital Federal, expresada en miles de metros cuadrados (460 m2 en 1953; 583 men 1955)”.

Se pregunta Jauretche: “¿Dónde está la crisis? ¿Qué factores la configuran? ¿Qué nueva ciencia económica autoriza a calificar como la crisis más grave de nuestra historia lo que se presenta como un constante y firme proceso de recuperación?” (1955: 22). El lector recordará que, en 2015, la por entonces Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, había realizado un razonamiento similar. Fue el 9 de diciembre, en su último discurso como primera mandataria, ante una Plaza de Mayo colmada: “Cuando ellos vienen a quedarse con todo lo tuyo, te inventan una crisis que no existe, luego te piden sacrificio y te dicen que dentro de dos años te va a ir bien. Para esa fecha ya te dejaron sin nada”.

Volvemos con Don Arturo y su análisis del informe de Prebisch. “La columna dorsal del informe económico está constituida por el análisis de nuestra situación de divisas y compromisos con el exterior. No se trata sólo del tema tratado en primer y principal orden, sino también del pilar que sostiene todo el edificio de la crítica y del programa esbozado por Prebisch, especialmente en lo que atañe al concurso obligado del préstamo y de la inversión extranjera” (1955: 27).

En consecuencia, la “grave crisis” que diagnostica Prebisch es, en rigor, un problema de acumulación de divisas, por las razones ya expuestas de la sequía. Suena exagerado inferir que esta situación hubiese alcanzado para justificar un endeudamiento con organismos de crédito internacional. Sin embargo, no fue la única vez en la historia en que un gobierno liberal (dictatorial o no) recurrió al crédito con argumentos flojos de papeles.

“En primer lugar, la existencia de oro y divisas de 600 millones de dólares y no de 450 millones, cifra que establece Prebisch mediante la arbitraria exclusión de 150 millones de dólares que el Banco Central ha puesto a disposición de los bancos comerciales para efectuar la cubertura de las operaciones de importación. ¿Acaso no es una disponibilidad monetaria que el país puede usar libremente para las importaciones que requiere? No existe ninguna razón para excluir esa cantidad y ningún economista se atrevería a sustentar la curiosa tesis a que recurre Prebisch con el único objeto de convencer a los demás de que las cosas andan peor de lo que parecen”, cuestiona lúcidamente Jauretche (pp. 28).

Don Arturo no deja pasar por alto que Prebisch parta de la base de una balanza de pago con un déficit de 186 millones, que no es tal. A lo largo de todo el libro, el mecanismo de análisis será similar: Jauretche expone la falacia planteada por el Prebisch para luego refutarlo con datos y estadísticas, cuadros conceptuales y comparativos.

En el capítulo “El Plan Prebisch: ¿Hay un plan?”, Jauretche resume los puntos principales de la reforma, que no es otra cosa que el programa económico de los grupos que organizaron el golpe de Estado contra Perón:

  • Transferir al sector agropecuario una mayor parte del ingreso nacional, por intermedio aumentar sus precios (devaluación monetaria y liberar controles de precios), abrir importaciones, desregular las exportaciones (desandar el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio o IAPI) y congelar salarios.
  • Otorgar mayor poder al capital extranjero y adquirir onerosos empréstitos (endeudamiento). El autor entiende que nos iremos “hipotecando con el fin de permitir que falsos inversores de capital puedan remitir sus beneficios al exterior” (1955: 134).
  • Reducir la inflación bajando el nivel de la ocupación obrera y del consumo popular.

Como señala Don Arturo, “el primer y principal efecto de la reforma será la compresión de los ingresos populares. La enorme masa de obreros y empleados tendrá que ajustar el cinturón a fin de salvar el país de una catástrofe que sólo existe en la inventiva de Prebisch. Pero al tiempo que el pueblo efectúe ese sacrificio, las clases parasitarias argentinas volverán a participar desmesuradamente en el reparto de una riqueza a cuya producción no han aportado ni esfuerzo ni inteligencia” (1955: 110).

Bibliografía:

Jauretche, Arturo (1955). El Plan Prebisch: Retorno al coloniaje. Peña Lillo.

CBU: 0140023603506873838788


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